Llueve. 6,20 am. Pensé que recién empezaba a llover pero luego de ver el jardin de la entrada (hoy de salida) vi que lo hacía desde hacía un buen rato. Nos apuramos con la valija azul, una cajita blanca, un canastito marrón, tu tablero de dibujo, la mochila amarilla y la guitarra. No parece mucho equipaje para tal despedida, pero te llevas de todos un poco (de los de abajo y de los de arriba). Llueve más fuerte, no hay mucho tiempo para besos. En mi abrazo te dejo la mitad de mi corazón, llevalo con vos. No quiero llorar pero es puro verso, lloro y te bendigo, como la lluvia que está cada vez más intensa y me dice "basta, dejalo ir". Me desprendo de vos y me alejo corriendo, no quiero ver el auto de tu tío partir con la mitad de mi corazón adentro.
Ya está. ¿Ya está?
Vos te vas y el silencio llega a
la casa.
la casa.
Nos abrazamos las féminas, cuatro manos entrelazadas y las patitas salchicha. Bromeamos un poco con lo de las testosteronas que ya no quedan.
¿Y ahora?
La tristeza.
Pero llegan las 8,36 am. Entonces recuerdo y atestiguo que vuelve a salir el sol como en aquella mañana de jueves en la que llegaste, hace ya dieciocho años. Sos vos mi amor, iluminando todo.
¡Vuele, vuele y cante mi pajarito!
